
San Juan de Gaztelugatxe es un islote situado frente a la costa de Bakio, en el País Vasco, España. Para llegar hasta allí, salimos por la mañana desde Bilbao y tardamos unos 45 minutos en auto. En el camino, pasamos por pueblos muy lindos de la costa.
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Al llegar, nos encontramos con el estacionamiento, cuyo costo es de 3 euros, sin importar el tiempo de permanencia. Al inicio del recorrido, hay un puesto donde se venden souvenirs, bebidas y algunos snacks. Nosotros llevamos agua, fruta y galletas, pero es una buena opción por si acaso.

El camino de bajada del acantilado es de piedra y está perfectamente señalizado. Sin embargo, no es un recorrido recomendable para hacerlo con cochecito de bebé. Nosotros utilizamos una mochila de porteo para el peque de 2 años, mientras que la peque de 5 años caminó todo el trayecto (ida y vuelta, ¡como una campeona!).

A unos 10 minutos de haber iniciado el recorrido, hay un pequeño desvío hacia el mirador. La vista desde allí es hermosa y te permite tener una idea del camino que queda por recorrer. Continuamos avanzando hasta llegar al puente de piedra y, después, comenzamos la subida por la escalinata de 241 escalones. El día estaba muy ventoso, lo que hizo la subida un poco más difícil.
En la cima se encuentra la ermita de San Juan, que justo estaba cerrada, por lo que no pudimos dar los tres famosos toques a la campana «para atraer la buena suerte y ahuyentar los malos espíritus». También hay un pequeño refugio con mesitas, ideal para descansar y comer o beber lo que hayas llevado.

Recorrimos la zona, admiramos la vista, que es realmente espectacular, y comenzamos el descenso. Antes de emprender el regreso, encontramos una fuente donde se puede recargar agua para beber. Luego continuamos el camino de vuelta, ascendiendo nuevamente hasta llegar al inicio y al estacionamiento.
Las fotos seguramente no le harán justicia al paisaje, que es simplemente maravilloso. Además, a nosotros, como grandes fanáticos de Game of Thrones, nos hizo mucha ilusión estar en Dragonstone o Rocadragón. Sin duda, es una experiencia inolvidable. Un poco más exigente con peques, eso sí, pero valió completamente la pena.
¿Conocías este lugar? ¿Sabías que las escenas de Rocadragón se habían filmado en el País Vasco?

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¡Hasta la próxima aventura!
Mar.










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